El cierre de la Supercopa Internacional se vio empañado por un escandaloso final. Rosario Central se consagró campeón tras vencer 3-1 a Estudiantes de La Plata en el Estadio Madre de Ciudades de Santiago del Estero, pero el festejo quedó relegado a segundo plano tras una batalla campal entre los futbolistas que inició en el terreno de juego y se extendió hasta la zona de vestuarios.
El gol que desató la furia en Santiago del Estero
La tensión llegó a su punto máximo en los minutos finales del encuentro, cuando Estudiantes buscaba desesperadamente el gol del empate. El guardameta Fernando Muslera había dejado su portería para sumarse al ataque en un tiro de esquina.
Rosario Central logró recuperar el balón en su área y armó un contraataque letal que culminó con Julián Fernández empujando el balón con el arco desguarnecido para firmar el 3-1 definitivo. Tras la anotación, futbolistas de la escuadra platense encararon a los jugadores del conjunto rosarino, desencadenando una serie de empujones, insultos y agresiones físicas que obligaron a detener las acciones.
De la cancha al túnel: La tensión no cedió
Aunque el cuerpo arbitral y las autoridades intentaron calmar los ánimos en el césped, el conflicto resurgió al momento del retiro de los planteles:
Incisos en el túnel: La bronca se trasladó a la zona interna del estadio, donde jugadores y miembros de ambos cuerpos técnicos protagonizaron nuevos corridas y empujones camino a los vestidores.
Protestas directas: Juan Sebastián Verón, presidente de Estudiantes de La Plata, ingresó al campo de juego tras el tercer tanto rosarino para recriminarle airadamente al árbitro principal, Darío Herrera.
Los antecedentes del conflicto: El “pasillo de la discordia”
El clima de hostilidad entre ambas instituciones no fue casual. El antecedente directo se remonta al polémico “pasillo de espaldas” que los futbolistas de Estudiantes realizaron cuando Rosario Central fue reconocido por el título de la temporada 2025.
En las horas previas a este choque, el jugador Ignacio Ovando había admitido que aquel gesto aún estaba fresco en la memoria del plantel rosarino, calificándolo como una falta de respeto que le añadió una carga extra de rivalidad a esta final.




































