La salida de André Jardine del banquillo del Club América marca no solo el cierre de un ciclo lleno de trofeos, sino el inicio de una metamorfosis estructural en Coapa. Con la llegada casi inminente de Guillermo Almada, el conjunto azulcrema parece dispuesto a abandonar la política de “bombazos” mediáticos para abrazar un modelo de intensidad, dinámica y, sobre todo, una apuesta agresiva por el talento joven.
El sello de Guillermo Almada: Más que un técnico, un formador
La directiva encabezada por Santiago Baños sabe que contratar al uruguayo no es solo buscar resultados inmediatos, sino importar una metodología que ha sido exitosa tanto en Santos Laguna como en Pachuca. Almada es un estratega que no teme debutar canteranos ni exigir un despliegue físico extenuante. Para que este sistema funcione en el “Nido”, el charrúa ya habría puesto sobre la mesa nombres clave que entiende a la perfección su libreto táctico.
La obsesión por el control del mediocampo
Llama la atención que los tres nombres que suenan para reforzar el proyecto —Luis Chávez, Elías Montiel y Fernando Gorriarán— comparten una zona común: la medular. Almada entiende que los partidos se ganan o se pierden en el círculo central, y para ello busca perfiles muy específicos:
- Luis Chávez (El deseo técnico): Su paso por el fútbol ruso no ha mermado el interés de Almada. Chávez representa el equilibrio entre el sacrificio defensivo y el golpeo de media distancia que tanto hace falta en el actual esquema americanista. Sin embargo, su retorno a México parece condicionado por su sueño europeo, lo que obligaría al América a realizar una oferta económica y deportiva irrechazable.
- Elías Montiel (La proyección): Es quizás el nombre más interesante. Mientras el América suele comprar realidades, Montiel es una apuesta a futuro. Bajo la tutela de Almada en Pachuca, demostró una madurez impropia de su edad. Su llegada significaría un cambio de paradigma en Coapa: comprar barato para potenciar y vender a Europa, emulando el modelo de la “Bella Airosa”
- Fernando Gorriarán (El hombre de confianza): El uruguayo de Tigres es el “perro de presa” que Almada siempre ha querido en sus equipos. Ya lo tuvo en Santos y sabe que Gorriarán aporta esa garra charrúa necesaria para sostener un equipo que ataca con mucha gente.
El desafío de las negociaciones en un mercado inflado
A pesar del entusiasmo que genera la renovación del plantel, la realidad del mercado mexicano es el principal obstáculo. El América se enfrenta a tres muros distintos: la voluntad de un jugador de seguir en el extranjero (Chávez), la resistencia de un club exportador como Pachuca (Montiel) y el poderío financiero de un rival directo como Tigres (Gorriarán).
No se trata solo de abrir la cartera. La directiva azulcrema tendrá que ser estratégica. En el caso de Montiel, la relación con la directiva hidalguense suele ser compleja en términos de costos, mientras que sacar a Gorriarán del “Volcán” requeriría una ingeniería financiera que justifique desprenderse de un titular indiscutible en Monterrey.
¿Un América menos galáctico y más dinámico?
La posible gestión de Almada sugiere que veremos un equipo menos dependiente de las individualidades y más enfocado en el sistema colectivo. Si se logran concretar estos pedidos, el mensaje es claro: el América quiere dejar de ser solo el equipo que compra figuras para convertirse en el equipo que marca el ritmo del fútbol mexicano a través de la intensidad y el desarrollo de talento nacional.
La transición de la “era Jardine” a la “era Almada” no será sencilla, pero los cimientos que el uruguayo pretende poner con estos refuerzos indican que la ambición en Coapa sigue intacta, aunque el camino para llegar al éxito ahora sea a través del sudor y la juventud.



































