El panorama político en la cima del futbol mundial ha dado un giro drástico. Lo que parecía un camino despejado para Gianni Infantino hacia el proceso electoral de 2027 se ha transformado en un terreno minado. La reciente alianza entre la UEFA, la Concacaf y la Confederación Asiática (AFC) no es un simple desacuerdo administrativo; es un “golpe de mesa” que cuestiona la transparencia en el manejo comercial de los derechos de la Copa del Mundo y el proyecto FIFA Forward Enterprise.
Esta fractura interna es significativa porque une a tres de los bloques más influyentes en términos de votos y peso económico. Cuando estas confederaciones exigen una revisión independiente, lo que realmente están enviando es una señal de que la confianza en el liderazgo actual se ha erosionado profundamente.
El tablero político: ¿Quiénes podrían tomar el mando?
Aunque Infantino no ha caído, la sombra de una sucesión ha dejado de ser un susurro en los pasillos de Zúrich para convertirse en una conversación abierta. Los perfiles que emergen como posibles relevos ofrecen visiones muy distintas del futuro del deporte.
Victor Montagliani: El estratega del equilibrio
El actual presidente de Concacaf y vicepresidente de la FIFA, Victor Montagliani, se perfila como el candidato de la estabilidad. Su gran activo es haber navegado con éxito la reestructuración de su confederación tras años de escándalos, además de ser una pieza clave en la organización del Mundial 2026.
A diferencia de otros aspirantes, Montagliani posee un perfil diplomático que agrada tanto en América como en sectores moderados de Europa. Su capacidad para fungir como puente entre diferentes realidades futbolísticas lo coloca en una posición de “sucesor natural” si el objetivo de las federaciones es una transición institucional sin sobresaltos.
Nasser Al-Khelaïfi: El poder de los clubes y el capital
El nombre del presidente del PSG y de la Asociación de Clubes Europeos (ECA) siempre genera debate. Su influencia es innegable, habiendo transformado la relación entre el poder corporativo y el deportivo. Al-Khelaïfi representa la modernización comercial agresiva y el respaldo financiero de Qatar.
Sin embargo, su camino tiene un matiz legal y político complejo: no preside una federación nacional. Para llegar a la FIFA, necesitaría un cambio de narrativa o una reforma que valide su elegibilidad, además de convencer a las federaciones más tradicionales de que su liderazgo no priorizaría los intereses de los clubes sobre los de las selecciones nacionales.
Aleksander Čeferin: El contrapeso desde el Viejo Continente
Si se busca un antagonista directo a la gestión de Infantino, ese es Čeferin. El presidente de la UEFA ha sido el crítico más vocal de proyectos como el Mundial cada dos años o la expansión de torneos que saturan el calendario.
Su fuerza reside en el bloque europeo, el más poderoso a nivel de calidad competitiva. No obstante, su posible candidatura se enfrenta a un dilema geopolítico: ¿aceptarían el resto de las confederaciones un regreso al dominio absoluto de Europa en la FIFA? Čeferin podría preferir seguir siendo el “freno de mano” desde la UEFA antes que arriesgar su capital político en una elección global.
El peso de los votos: Asia y África en la balanza
El sistema de “un país, un voto” hace que personajes como Sheikh Salman bin Ibrahim Al Khalifa (AFC) y Patrice Motsepe (CAF) sean fundamentales.
Sheikh Salman: Ya compitió en 2016 y mantiene un control férreo sobre el bloque asiático. Su candidatura representaría una continuidad en términos de jerarquía, pero con un enfoque más regionalista.
Patrice Motsepe: El dirigente sudafricano es la cara de una África que exige mayor protagonismo y recursos. Si África decide votar en bloque, cualquier candidato, incluyendo a Infantino, tendría que negociar bajo sus términos.
¿Qué está realmente en juego?
La crisis actual por el proyecto FIFA Forward Enterprise es el síntoma de un problema mayor: la lucha por el control de los ingresos que genera el futbol global. Mientras la UEFA y la Concacaf exigen transparencia, lo que subyace es una disputa por quién decide cómo se reparte el pastel de los derechos de televisión y patrocinios.
La presión sobre Infantino es inédita porque ya no proviene de sectores externos o investigaciones judiciales, sino de sus propios socios comerciales y políticos. El camino a 2027 será largo, y aunque el actual presidente es un experto en supervivencia política, el surgimiento de estos nombres indica que, por primera vez en años, el trono de la FIFA no tiene un dueño asegurado.


































